Los elantrinos eran divinidades. Y cualquiera podía convertirse en una divinidad elantrina.
La Shaod, se llamaba. La Transformación. [...] Cuando llegaba, la vida de la persona afortunada terminaba y recomenzaba; descartada su antigua existencia mundana, se marchaba a Elantris. A Elantris, donde podía vivir bendita, gobernar con sabiduría y ser adorada por toda la eternidad.
La eternidad terminó hace diez años.
Del prólogo de Elantris, de Brandon Sanderson